Comentan retiro de columna Del PC y su madre KGB de Paolo Lüers Con gran interés leí el lunes la columna de Paolo Lüers en la que este hace un peregrinaje por el reportaje que Enfoques publicó los domingos 6 y 13 de mayo, acerca del rol del KGB en la guerra salvadoreña. Lüers hace dos tipos de señalamientos: los infundados y los difamatorios. Y estos últimos también son infundados. Los primeros, que son esos en los que, por ejemplo, establece que su estatura periodística es el patrón para medir la estatura de los periodistas de La Prensa Gráfica y, en particular, la de los de Enfoques y, específicamente, la de Ricardo Valencia. “Cuesta imaginarse a un periodista de La Prensa Gráfica llegando por cuenta propia a la Habana buscando a generales retirados del KGB”, deja caer, como para excusar el contenido difamatorio de su afirmación previa: “Está bien que un reportero reciba del PC salvadoreño la oportunidad de ir a Cuba y entrevistar a un general del KGB retirado (...)” De algún modo -de cualquier modo- Lüers concluyó que el PC salvadoreño dio a Valencia la oportunidad de ir a Cuba y entrevistar a Nikolai Leonov. En el mismo párrafo de su columna chorrea, posteriormente, otra ficción: “Está bien que reciba del PC toda la información y las pistas para reconstruir la historia de las armas recuperadas (...)” En un alarde de hemorragia imaginativa, ya con tono de maestro, preparando el cierre de su columna y como esculpiéndose un pedestal para dictar cátedra, insiste en su propio cuento cuando sazona un consejo: “Ricardo Valencia y La Prensa Gráfica, con un poco más de paciencia y profesionalidad, hubieran podido investigar más allá del cebo que les puso el PC. Si de periodismo investigativo se tratara (...)” Periodismo investigativo. Dejémoslo en periodismo. El género de opinión, he entendido hace tiempo, también es periodismo. Y porque no he cruzado con él más que algunas palabras amistosas de vez en cuando, no pretendo entender las causas de la accidentada columna de Lüers. Sí creo, que los que amamos el oficio del periodismo y valoramos su función y, por tanto, lo respetamos, no podemos jugar a ser víctimas catatónicas cuando se está insultando no a una persona o a un medio, sino a una profesión ya muy estigmatizada en El Salvador. Lüers asegura que el Partido Comunista de El Salvador dio a Valencia toda la información y las pistas para reconstruir la historia de las armas. Y que Valencia recibió del PCS “la oportunidad de ir a Cuba y entrevistar a un general del KGB retirado”. Y que el PCS puso un cebo a Valencia y a La Prensa Gráfica. A propósito de ese supuesto cebo, añade que la presa queda perdida irremediablemente “cuando no tenés la capacidad, o la curiosidad, o los recursos o el apoyo de tu medio para investigar independientemente. No es primera vez que le pasa a Ricardo Valencia.” No es primera vez que leo con tal atención a Lüers. Porque con frecuencia escribe con lucidez, con ecuanimidad, con amenidad, con agudeza y a salvo de garbos absurdos. Porque, antes que juzgar, argumenta. Porque, antes que inventar, averigua. Porque, antes que usar los dedos de las manos en su computador, los conecta a su cerebro. En fin, porque me da la impresión de que es un periodista que tiene algún respeto por el periodismo. ¿O lo tenía? ¿Qué cortocircuito desafortunado le hizo mezclar opinión con falso testimonio? ¿Acaso una falla de sinapsis le jugó una mala pasada? ¿Tal vez una disfunción sicomotora no coordinó sus pensamientos con lo que los dedos escribían? Quién sabe. Pero el producto habla de la fábrica de la que sale, y la columna de Lüers ensucia, injustificadamente, el nombre de algunas personas. Intento pero no alcanzo a comprender cómo alguien dice que tiene tantas dificultades para imaginar que un periodista pueda hacer una investigación profesional, y sin embargo da cátedra sobre cómo rellenar con imaginación, mentiras e inventos lo que en su cabeza solo es un cúmulo de interrogantes. Intento comprender cómo en la sección Cartas al Editor de tu periódico se previene que no se publicará misivas que incluyan -por ejemplo- acusaciones no fundadas, que sí se permiten en una columna de opinión. ¿Por qué no poner, al menos, la misma barda? Esperaré una próxima columna de Paolo Lüers en la que sustente las acusaciones no fundadas que hizo en su columna del lunes 21, o en la que se retracte de sus palabras. Por respeto al oficio y a la gente. Atentamente, Ricardo Saúl Vaquerazo Editor de la revista Enfoques de La Prensa Gráfica